Trabajo en sanidad y la situación del coronavirus me supera

Hoy quiero dedicar este post a todos/as los y las valientes que se enfrentan cada día al enemigo invisible, el Covid-19. Hablaré especialmente a las personas que trabajan en el entorno sanitario, pero las pautas y tips que propongo se pueden aplicar también a otros sectores, a todas aquellas personas que están en primera línea de batalla: policías, sanitarios/as, trabajadores/as de supermercado, transportistas, repartidores/as, etc.

Lo primero de todo es agradecer esa labor y la voluntad con la que están ayudándonos a todos/as; los aplausos a las 20h me parecen insuficientes para pagar todo el esfuerzo que están haciendo, las irritaciones de la piel, el agotamiento físico y mental, etc.

Estos días las emociones están a flor de piel en todas las personas, pero aún más si cabe para aquellas que están más expuestas:

Por una parte está el estrés. Estos días es muy probable que te sientas desbordado/a de trabajo. Así como la mayoría de la gente habla sobre el aburrimiento, cómo gestionar el tiempo libre, etc, o directamente personas que se lo toman a broma, tú estás totalmente colapsado/a de trabajo y viendo la más cruda realidad, gente que se muere por falta de recursos o por no llegar a tiempo. Probablemente no tienes suficiente experiencia para las funciones que te están encomendando debido a la situación excepcional o te faltan los recursos para llegar a todo lo que se te pide, estás doblando turno, enseñando a las personas que no dominan esta unidad o intentando interiorizar toda la información nueva, durmiendo poco y todo eso con escasas medidas de seguridad.

Por otra parte está la ansiedad, a veces notas que te falta el aire, te tiembla todo el cuerpo y el corazón va a mil. Te sientes frustrado/a porque tú te dedicas a esto para ayudar, y ver como la gente se muere en masa es angustiante. Además, sientes impotencia porque te gustaría hacer mucho más de lo que estás haciendo y porque si tuvieras más material y recursos llegarías a salvar más vidas.

Luego está el miedo. Ves como tus compañeros/as están enfermando y tienes miedo a ser el/la siguiente. Empiezas a experimentar síntomas y te sientes desprotegido/a a la par que culpable por si puedes estar contagiando a otras personas, entre ellas, tus seres queridos con quien vives. Te pones el termómetro cada dos por tres, ves síntomas donde no los hay y piensas que cualquier día serás tú quien enferme. Si lo hicieras no hay quien te sustituya y eso va a provocar que tus compañeros/as vayan más desbordados aún y haya menos manos que ayuden.

Y luego está la tristeza; todo lo que estás viviendo es realmente aterrador. Familias que no pueden despedirse de sus difuntos, gente muy enferma, más fallecidos por día de lo que tu corazón puede digerir, compañeros/as que están igual que tú, falta de ganas para hablar, para bromear, para comer, para reír, para dormir. Imágenes que se agolpan en tu cabeza y que te generan rumiación.

¿Cómo se puede gestionar emocionalmente esta situación para que no me supere?

Me gustaría resaltar que todos estos tips o consejos que vaya a proporcionar pueden ser insuficientes ya que esta situación es desbordante y lo más apropiado sería poder tener un apoyo psicológico en estos momentos de forma regular donde poder aferrarte.

Como he comentado, no existe una receta mágica, pero seguir alguna de estas pautas te puede ayudar un poco:

  • Lo que estás haciendo es grande: Intenta pensar que la labor que estás haciendo es más que heroica, estás ayudando a mucha gente; sí, es verdad que hay personas que están muriendo, pero muchas otras se salvan gracias a ti y a tu ayuda. Céntrate en todo lo que estás haciendo estos días y no te quedes con lo que has hecho mal o lo que has fallado. Piensa en todo lo que estás consiguiendo aportar a la sociedad. Te estamos agradecidos/as.
  • No te exijas tanto: No puedes llegar a todo. Me viene a la cabeza una escena de Pearl Harbour, cuando después de un bombardeo llegan a la enfermería cientos de heridos a atender y los recursos que tienen son del todo insuficientes. Piensa que esto que estamos viviendo es como una situación de guerra y estás haciendo todo lo que puedes, no te pidas imposibles.
  • Acepta tus sentimientos y escribe acerca de ellos: No puedes con todo y es normal, eres un ser humano. El recurso del diario personal es una buena opción siempre que hay emociones que desbordan. Escribe cada día como te sientes, quizás hay cosas que no te atreves a contarle a nadie (o que no puedes por secreto profesional), hazlo en el diario. Vacía todas tus emociones y permítete llorar. Seguramente estos días estarás viviendo escenas que a la larga pueden provocar estrés postraumático, y para que eso no suceda, elaborar las emociones es la mejor alternativa.
  • Sal de tu puesto de trabajo cuando acabe la jornada: Parece algo evidente, pero es muy normal que te bombardeen pensamientos repetitivos o imágenes de lo que has presenciado estos días mientras estás en tu casa. Cuando te quites el uniforme y vayas a cerrar la puerta, imagina que al otro lado se quedan también las preocupaciones e imágenes desagradables. Imagina que se quedan ahí y que no pueden atravesar la puerta, hay una capa protectora que impide que salgan de tu puesto de trabajo. Cuando te vengan a la cabeza recuerda que se han quedado ahí y que no puedes pensar en ello hasta que vuelvas a tu nueva jornada (a excepción de cuando escribas el diario).
  • Haz actividades para desconectar: Está claro que los medios de comunicación estos días son monotema. Intenta informarte lo justo y luego haz cosas que te ayuden a desconectar como: leer un libro, pintar, coser, dibujar, ver una serie o película (a poder ser que no sea dramática ni de terror), cocinar, arreglar algo, papiroflexia, jugar a la videoconsola, hacer un puzle, algún juego de móvil, haz deporte en casa, etc. Intenta que algunas de esas actividades sean divertidas y te permitan reírte y pasar un buen rato.
  • Habla con alguien: Mantén lo máximo posible tus relaciones sociales, habla con gente, pasa buenos ratos, comparte anécdotas, etc. También puedes hablar sobre tu malestar y desahogarte, pero procura que no sea todo el tiempo.
  • Intenta mantener hábitos de sueño y alimentación: Es probable que te cueste dormir y que no te entre nada en el estómago o que por lo contrario sólo quieras dormir y comer todo el tiempo. Cuando las emociones nos desbordan, los ritmos circadianos se ven afectados. Intenta levantarte a la misma hora cada día, aunque no tengas que ir a trabajar. De esa forma el ritmo del sueño no se verá tan alterado y evita hacer siestas. Por la noche, antes de irte a dormir intenta hacer algo que sea relajante, medita, haz yoga o cualquier actividad que te ayude a conciliar el sueño. Por supuesto, ese no es el momento de ponerse a hablar sobre lo que te ha pasado durante el día ni a sobreinformarte. Antes de dormir hay que intentar que la mente esté despejada. Haz también algún ritual antes de acostarte, como tomarte algo caliente (que no contenga cafeína ni teína), ponerte el pijama, rituales de higiene en el baño, etc. Asimismo, procura hacer cenas ligeras para facilitar el sueño y durante el día, no te saltes ninguna comida. Si no te entra nada en el estómago, engáñalo con purés y batidos. Si por lo contrario tienes un hambre voraz, antes de ponerte a comer todo lo que encuentres piensa en tu malestar y que en realidad ese hambre no es hambre, sino una emoción que está camuflada. Trabaja sobre ello para detectar las emociones subliminales y así puedas elaborarlas. Además, recuerda que hay que evitar salir lo máximo posible, y si te comes las existencias, tendrás que salir a por más.

Finalmente, si ves que todo esto te desborda y no puedes más, trata de pedir ayuda. Ahora los psicólogos estamos casi todos visitando online, pero como dice el refranero español: a falta de pan, buenas son tortas. Aunque las sesiones online no son el mejor recurso, pueden sacarte de un apuro.

Encarni Muñoz

Psicóloga sanitaria, colegiada nº 16918

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