Qué son los micromachismos y cómo nos afectan a la vida cotidiana

Hoy es 8 de marzo, el día internacional de la mujer, y por ese motivo me gustaría hablar sobre los micromachismos, qué son y cómo influyen en la vida de todos y todas.

Es bien sabido que vivimos en una sociedad machista que ha ido poco a poco mejorando con los años. Hace un par de días me sorprendí viendo en el telediario una entrevista que le hacían a una entrenadora de rugby masculino a la que le enseñaban un reportaje realizado hace unos años sobre rugby femenino. En ese reportaje, del cual adjunto el link a continuación: http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/td1_entrenadora_rugby_060319/5038898/, se veían y escuchaban mensajes tremendamente machistas. Por una parte se enfocaba claramente las nalgas de las jugadoras y por otro lado se hacían comentarios como: «el rugby es un deporte violento y no porque intervengan mujeres pueden evitarse choques y caídas», «se disputan una partida reñida, donde no siempre predomina la delicadeza del sexo débil», «la velocidad es importante para el éxito de la jugada, pero sin empujar, ¿eh señorita?» o «aún queda el recurso de peluquerías y salones de belleza donde las panteras del rugby recibirán el tratamiento que les devuelva su aire inocente de colegialas».

Si bien ese tipo de mensajes serían impensables en 2019, sí que hay otros que aún tenemos instaurados como normales e incluso inocentes pero que mantienen la idea del machismo a día de hoy. Hablamos pues de los micromachismos, unos mensajes sutiles que no apreciamos como machistas debido a la normalidad que les atribuimos tanto hombres como mujeres.

Ahora bien, ¿Qué tipo de comentarios son micromachistas?

  • Las palabras como forma básica son en masculino, y luego se modifica para hacerlas femeninas. Esto es algo que hemos aprendido desde pequeños/as. Ahora bien, no es cierto que la forma primaria de la palabra sea en masculino. En toda palabra existe una parte rígida, que no se puede descomponer y que aporta el significado de la palabra (lexema) y una parte modificable que complementa el significado añadiendo género o número (morfema).  Sin embargo, nos hemos acostumbrado a detectar como palabra primaria el masculino, creando después el femenino, pensando así que el lexema es toda la palabra en masculino. Lo explico con un ejemplo para entenderlo mejor: A nadie se le ocurriría decir en un grupo: «buenas tardes a todas» cuando el grupo es mixto. No obstante, no nos resulta extraño que digamos «buenas tardes a todos» cuando el grupo es mixto. Esto es claramente un micromachismo en el que caemos tanto hombres como mujeres.
  • Cuando nace un hijo o hija, se regala ropa en función del sexo. Los familiares esperan a saber el sexo del bebé pera comprar ropa, para así hacerlo acorde a si será niño o niña. Eso es otro micromachismo. Del mismo modo que cuando somos adultos y adultas podemos llevar ropa de colores «masculinos» o «femeninos» y no nos escandalizamos tanto (por suerte esto está mejorando en los últimos años), ¿por qué un bebé o una bebé tiene que ser diferente? No pasa nada por ponerle a un bebé ropa rosa y a una bebé ropa azul.
  • Hablando de niños y niñas y de como el machismo se gesta desde bien pequeños/as en todos/as nosotros/as, a día de hoy veo padres y madres que se escandalizan porque su hijo quiere que le compren un pinta uñas o porque le gusta bailar, del mismo modo que otros padres y madres no le compran a su hija un tractor o juguetes que ellos consideran masculinos o tienen miedo de apuntar a su hija a futbol como extraescolar.
  • Los medios de comunicación o supermercados también lanzan mensajes machistas. Cuando llega el día de la madre los productos que se suelen poner a la venta son plantas, productos de belleza o productos de limpieza. Mientras que cuando llega el día del padre, los productos que se venden son colonias, material de marquetería o herramientas y ropa. Además, en los anuncios publicitarios sobre productos de limpieza, aunque cada vez se está cambiando más, aún siguen predominando las imágenes de mujeres aspirando el suelo, limpiando el polvo o usando la lavadora mientras que son la minoría los anuncios que utilizan hombres como protagonistas de las tareas del hogar.
  • El permiso de paternidad que es muy inferior al de la mujer, también es un micromachismo. Hasta hace pocos años esto se veía como algo normal, pero esa diferencia provoca que la brecha salarial siga existiendo, que el techo de cristal sea una realidad, que las mujeres sean contratadas en menor porcentaje que los hombres siendo igual de válidas y que la mujer siga siendo la cuidadora principal de los hijos/as. Y es que el rol que se establece con la pareja respecto a los cuidados de los hijos/as en un primer momento, marca un hábito difícil de cambiar con el tiempo.
  • Muchos establecimientos o lugares públicos utilizan micromachismos como poner el cambiador de bebés en el lavabo de las mujeres o en locales de ocio hacer descuentos a las mujeres o incluso que la entrada sea gratuita para actuar como reclamo.

Además hay muchos comentarios o frases que se utilizan comúnmente que se pueden considerar machistas. Algunos ejemplos de ello son:

  • «Espera, ahora te ayudo a fregar los platos» o «tienes suerte de que tu marido te ayude con las tareas de la casa». Con estas frases se da por hecho que la mujer es la responsable de las tareas domésticas atribuyéndole todo el peso de la responsabilidad y el hombre es mero colaborador, si hace algo.
  • «Que poco femenina eres, no te maquillas nunca». Esta frase la solemos escuchar en mujeres hacia otras mujeres, porque sí, las mujeres también somos machistas. Al fin y al cabo, es la educación que hemos recibido.
  • «Con lo bien que cocinas no te costará mucho encontrar novio». Con esta frase también se da por hecho que las habilidades de la mujer con las tareas domésticas son atributos para «poder» conseguir pareja.
  • «Esta chica es un poco golfa, se acuesta con cualquiera». Sería impensable construir esa frase en masculino. Más bien la gente utilizaría lo siguiente: «este chico es un crack, cada día está con una».
  • «A este paso se te va a pasar el arroz» o «te vas a quedar para vestir santos». También son frases que se suelen decir con el objetivo de «motivar» a las mujeres a buscar pareja o tener hijos cuando a lo mejor no está dentro de sus planes y simplemente se valora que no es una mujer normal por no tener pareja o no querer tener hijos.
  • «A tu hermano le dejo salir hasta más tarde porque es un chico». Esta frase aún se escucha. Es cierto que muchos padres y madres tienen más miedo de dejar salir a sus hijas que a sus hijos por miedo a que les pase alguna cosa negativa.
  • «Vaya carácter tienes, con ese genio nadie te va a querer». Históricamente la «buena» mujer era aquella que se mostraba sumisa ante su pareja. A día de hoy, aún se siguen escuchando este tipo de mensajes totalmente machistas.

¿Cómo afectan los micromachismos en nuestra vida cotidiana?

Son tan peligrosos que muchas veces no nos damos cuenta, y cuando se manifiesta que alguien está diciendo un micromachismo, en lugar de aceptarlo se nos acusa de feministas (como si fuera algo malo). Por tanto, la mujer de una manera u otra se siente cuestionada y/o juzgada inevitablemente.

Este tipo de discurso que he explicado más arriba o costumbres y hábitos de la sociedad, provocan que la mujer siga considerándose inferior al hombre. Como consecuencia, es mucho mayor el número de mujeres que vienen a terapia por una baja autoestima que los hombres. Y es normal, porque la mujer tiene en sus espaldas el peso de demasiadas responsabilidades a la vez: ser buena en los estudios, tener un buen trabajo, ser resolutiva, hacer bien las tareas domésticas, ser buena con la economía de la casa, saber educar a los hijos (aunque seas primeriza), ser guapa, estar siempre arreglada, tener buen cuerpo incluso después de dar a luz, prosperar en el trabajo, tener tiempo para cuidar la relación de pareja y ser detallista con él, tener tiempo para el ocio, etc.

Además, aceptar este tipo de comportamiento y discurso acaba provocando en muchas ocasiones dependencia emocional hacia la pareja o incluso la tolerancia de comportamientos machistas mucho peores que pueden acabar degenerando en maltrato psicológico e incluso físico.

Es tarea de todos y todas acabar con esta lacra más pronto que tarde, para conseguir una mejora en la calidad de vida de las mujeres y eliminar así las diferencias absurdas por cuestión de género.

 

Encarni Muñoz Silva

Psicóloga sanitaria, colegiada nº 16918

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