No me permito estar en la zona de confort

Recientemente publiqué un post hablando sobre la zona de confort y la imposibilidad para salir de ella: http://www.mundopsicologos.com/articulos/tengo-40-soy-viejo-para-cambiar-de-profesion. A partir de esta publicación surgió un comentario que ha incitado el nuevo post de esta semana. Hoy os hablo sobre esas personas a las que coloquialmente llamamos “culo inquieto”, personas que no toleran la estabilidad y la rutina y necesitan cambios constantes en su vida.

Es cierto que estancarse en la rutina es negativo, ya que ésta nos evita tomar decisiones y muchas veces nos comportamos de manera cobarde por miedo al cambio. No obstante, una cierta rutina es necesaria para vivir con un mínimo de tranquilidad.

Hay personas que no soportan la rutina ni los hábitos; son “adictas al cambio” y necesitan actividad constantemente. Aparentemente son personas seguras de sí mismas; al fin y al cabo si está dispuesto/a cambiar de trabajo (por ejemplo) en plena crisis porque se aburre, debe tener las cosas muy claras o tener una profesión en la que es fácil el cambio.

Pues no, esto no siempre es así. No todas las personas que cambian constantemente lo hacen porque estén seguras de sí mismas.

¿Cuáles son los rasgos de personalidad de alguien que adora el cambio?

  • Personas heteroexigentes e inconformistas: Suelen ser personas excesivamente críticas, especialmente con los demás. Lo que hacen los otros nunca es suficiente. Es por este motivo que no pueden estar mucho tiempo en un puesto o con alguna persona. Suelen tener relaciones de pareja que duran poco tiempo y nunca encuentran alguien que les llene. Encuentran el más mínimo defecto en todo.
  • Autocrítica: La crítica constante también puede ser aplicada a uno mismo. Lo que hacen ellos mismos no es suficiente y por eso se tiene que cambiar, aunque eso suponga un reto o riesgo.
  • Nuevas metas constantemente y un gran espíritu de superación: No se conforman con lo que tienen y siempre quieren más. La lista de objetivos puede ser interminable. Aún no han conseguido algo que ya quieren otra cosa. Por ejemplo, si una persona consigue un ascenso en el trabajo, en lugar de alegrarse por el logro ya está pensando en lo que tiene que hacer para llegar al siguiente puesto en la jerarquía. En la vida cotidiana también se puede observar: por ejemplo, se acaba de independizar y alquilar un piso que está bien para él/ella solo/a, pero ya está pensando que el piso es pequeño y que dentro de poco tendrá que buscar de nuevo para conseguir algo mejor.
  • Búsqueda de sensaciones: En muchas ocasiones las personas que no pueden tener una rutina es porque necesitan constantemente la adrenalina del cambio. Eso les lleva a realizar (a veces) cosas que pueden llegar a ser peligrosas o a asumir riesgos muy altos. Suelen ser personas aventureras y osadas que no conocen la palabra “imposible”. Esto mismo puede parecer divertido y bueno, pero llevado al extremo la persona puede llegar a hacer actos “kamikaze” con una probabilidad de éxito muy baja. Siguiendo el ejemplo del cambio de trabajo: una persona osada buscará el cambio porque se aburre con facilidad y no valora lo difícil que le puede resultar encontrar un nuevo puesto. Eso le puede llevar a una situación profesional complicada y a una inestabilidad económica difícil.
  • Alta impulsividad: Eso de pensar las cosas antes de actuar lo llevan mal. A veces sus palabras van a la misma velocidad que su pensamiento. No piensan los pros y contras de las situaciones y simplemente actúan por impulsos, por lo que sienten en ese momento. Suelen considerarse personas sinceras y que dicen las cosas a la cara, pero el hecho de no pensar lo que dicen puede ofender y llegar a provocar problemas con los demás, sean amigos, pareja o el jefe.

¿Te sientes identificado/a? ¿Qué puedes hacer al respecto?

  • Se podría resumir todo en la palabra “reflexión”. Se trata de que pienses lo que dices, que valores las ventajas e inconvenientes de las diferentes opciones que tienes y escojas en función de lo que creas mejor.
  • Antes de hablar, intenta crear el diálogo en tu cabeza. Sólo son unos segundos y puedes evitarte muchos disgustos e incluso algún despido.
  • Intenta buscar una cierta rutina, no quema. Tiene una parte positiva; céntrate en descubrirla.
  • Piensa en los errores que has cometido por tu impulsividad e intenta rectificarlos. Haz un poco de retrospectiva para aprender de las piedras con las que has tropezado.
  • Valora lo positivo que tiene la gente de tu alrededor y lo que tienes. No sólo critiques, valora lo bueno que hay en tu vida, que seguro que es mucho.

Me gustaría acabar este post con una pequeña reflexión: ¿De qué huyes, si lo que llevas dentro te acompañará a donde vayas?

Encarni Muñoz Silva

Psicóloga sanitaria 16918

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